Qué es (o debería ser) un videojuego

¿Sabemos qué es realmente un videojuego? ¿Son lo que deben ser o se ha perdido su concepto original? De ello hablo hoy en el blog…

La RAE (Real Academia Española de la lengua) define el acto de jugar en los siguientes términos: “Hacer algo con alegría con el fin de entretenerse, divertirse o desarrollar determinadas capacidades” y juego como “acción o efecto de jugar por entretenimiento”. Si bien se dan otras definiciones en relación a aspectos concretos, su significado principal es el aquí dado. Podemos deducir pues que un videojuego es una variante en la que se utiliza una señal de vídeo y un medio electrónico, analógico o digital, para hacer llegar el juego al usuario. Así sería por definición pero, ¿qué es realmente un vidoejuego?

Lanzo esta pregunta porque, a pesar de los años que muchos llevamos con ellos, estoy seguro de que no tenemos del todo claro lo que son aunque sí que seamos capaces de describir lo que en ocasiones nos transmiten. Es decir, los videojuegos no proporcionan solo entretenimiento y, con ello, diversión. También provocan otro tipo de emociones, tanto positivas como negativas, en base al contenido ya que, al igual que se ha hecho con la literatura o el cine, hemos ido proyectando en ellos diversos patrones culturales con los que podemos sentirnos identificados. Eso, unido al cada vez mayor realismo con el que se representan personajes y entornos, ha hecho del videojuego clásico una opción muy atractiva para quienes buscan vivir grandes historias o experiencias a las que por lo habitual no es posible tener acceso en una vida rutinaria.

Sin embargo, hemos llegado a un punto en el que puede que haya que cuestionarse si el camino recorrido es el adecuado. Dicho de otro modo, si el videojuego, como lo entendemos hoy, debe considerarse tal pues en numerosas ocasiones se le da más importancia a aspectos técnicos o de desarrollo que a la mera diversión. ¿Tan determinantes son la calidad visual o sonora de un título concreto, su historia o el ritmo de la misma? ¿Es eso lo que nos divierte más allá del reto que nos plantee o, por contra, lo que hacemos realmente es engañarnos a nosotros mismos queriendo creer que es así?

Por supuesto, no se puede meter a todos los juegos en el mismo saco porque los hay que cumplen, mejor o peor, con la premisa original pero hemos visto como, con el paso del tiempo y desde hace ya unos cuantos años, la calidad de ciertos títulos no se mide en su capacidad de divertir sino en esos otros aspectos a los que no son pocos los que se agarran para hablar de la “madurez” de esta forma de ocio y, por ende, del sector que la promueve.

¿Quiere decir esto que los videojuegos no deberían presentar una historia original y/o cautivadora que enganche al usuario? Tanto como eso no pero tampoco debería ser algo tan importante y es esto lo que podemos ver tanto en muchas grandes producciones como en numerosos títulos de corte “indie” en los que el desarrollo de su propuesta está totalmente supeditado al argumento cuando antaño sucedía todo lo contrario. Es más, se dan casos en los que el juego en cuestión termina siendo criticado por anteponer los retos jugables al desarrollo de la historia…

Por otro lado, están los que promueven reflexiones filosóficas o morales en sus historias y nos “venden” esto último como lo importante dando a entender que la propuesta jugable es “algo secundario”, cumpla esta o no con los cánones aceptados para ser considerada buena o, al menos, aceptable. Es evidente que ha habido una evolución en este y otros aspectos que hacen imposible que el videojuego se perciba de la misma forma en la que lo hicimos aquellos que tuvimos, lo digo y diré siempre, la inmensa fortuna de vivir épocas pasadas pero también pienso que el progresivo cambio que han sufrido los videojuegos desde su concepto inicial ha hecho que olvidemos lo, para mí, primordial: la diversión simple y directa.

¿Puede, en última instancia, que quienes entonces despreciaban los videojuegos tuvieran razón y fueran, a pesar de algunas excepciones, algo para niños solo por el hecho de ofrecer esa diversión que ahora se ha sustituido por conceptos más propios de un público adulto? ¿Deben seguir siendo llamados videojuegos estos últimos a pesar de que el objetivo que tanto sus creadores como sus usuarios persiguen es o parece ser muy distinto al que tuvieron sus precedesores hace tanto tiempo?

Recordad las definiciones que he dado al comienzo de este post y pensad si, cuando os decantáis por un título concreto y os ponéis a jugar con él, eso que os transmite depende de una cosa o de otra porque quizá no os estéis divirtiendo y entreteniendo tanto como creéis…

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