Autocrítica

Autocrítica

Me gusta escribir sobre videojuegos. Son de lo poco que realmente disfruto a día de hoy y algo que lleva conmigo casi toda mi vida, pero no negaré que me gustaría que esto que hago por puro entretenimiento -sin monetizar- tuviera un mayor alcance y aceptación. Por desgracia, el mundo ya anda saturado de sitios web que ofrecen abundante información y los blogs tampoco son desde hace mucho el medio preferido por los gamers para estar al día o conocer cosas nuevas.

No obstante, buena parte de la culpa es mía. Lo sé y por eso lo quiero dejar plasmado en este último post del año donde, a falta de material real del que hablar, me dedicaré a hacer autocrítica sobre cómo he llevado el tema hasta ahora.

Nadie puede cambiar sus gustos de la noche a la mañana, así que no esperéis que a partir de ahora escriba sobre cosas que no he tocado anteriormente como, por ejemplo, juegos o consolas de Nintendo que no he tenido ni tendré nunca. Tampoco acerca de ciertas sagas de renombre que gustan a muchos pero no a mí ni otros contenidos a los que ya hace tiempo que no me arrimo.

Lo que sí puedo y seguramente deba cambiar es la manera de expresarme. Hubo un tiempo en el que había quien se asombraba de mi -supuesta- capacidad de condensar contenido en poco espacio. Todo lo contrario a aquellos que, para contar algo, casi te redactan una novela, lo que no me parece algo negativo. Al revés, creo que es de alabar que puedan extenderse de ese modo sin caer en la repetición y el aburrimiento. No pocas veces me he encontrado con artículos de videojuegos o cualquier otra cosa que, por largos que fueran, han logrado mantenerme enganchado hasta el final, lo que dice mucho de lo bien hechos que están.

Pero creo que más por su longitud, su éxito se basa en la cercanía que transmiten. Usan un lenguaje más coloquial, próximo al que escuchamos en cualquier conversación, y ahí es donde yo pincho. No es que mi nivel sea muy alto pero, desde luego, no es el más adecuado para conectar con la gente en general y el público gamer en particular. Así que me va a tocar hacer cambios en este sentido si quiero que mis publicaciones, más allá del tema que trate, sean más agradables de leer.

Por desgracia, hay otro frente abierto que creo que no voy a poder controlar igual. Uno que he ido creando yo con los años y para el que no veo vuelta atrás. Veréis, tengo el buen o mal hábito, según se mire, de ser muy fiel a ciertas ideas relacionadas con la forma en la que los creadores de contenidos más humildes hacemos difusión de ellos. No consigo verlo como lo ven los demás y el rechazo que me genera no solo me produce inquietud, también limita mi propósito de llegar más lejos.

Me refiero en concreto a las publicaciones ajenas. Es cierto que para recibir primero hay que dar, y no es que yo me haya prodigado mucho en esto último. Pero es que tengo la percepción de que, más que ayudar, lo que se busca es aprovecharse del otro aunque, al ser algo mutuo, todos se muestran felices por los resultados cuando llegan.

Veo perfiles de redes sociales repletos de cosas que, os lo digo con sinceridad, me cuesta mucho creer que se hayan visto y sean del agrado del titular de la cuenta. Hay quienes, por ello, han convertido sus espacios en una especie de cajón de sastre en los que cuesta encontrar algo propio. Yo siempre he pensado que cuando sigues a alguien lo haces por sus cosas, no por las de los demás, pero comienzo a creer que sucede justo lo opuesto. Ya alguien me dijo una vez que, para tener éxito, debía haber muchas más publicaciones ajenas que propias y me da que tenía razón.

Llevo años convencido de que lo justo y honesto es que cada uno visite y comparta solo aquello que sea de su gusto, sin esperar nada a cambio, pero el mundo se empeña en demostrarme lo contrario. Así que tengo dos opciones: seguir como hasta ahora y morirme de asco… o plegarme al sistema y fluir con él, dejando que me lleve a donde sea que lo haga. Y me da que hasta que no de ese paso, no voy a estar tranquilo…

De modo que, a pocos días de acabar este 2025, en esas estoy. Para este próximo año y siguientes espero conseguir que se me sienta más cercano pero no me va a ser fácil, en gran parte porque a medida que me hago mayor cada vez me cuesta más socializar -algo que también debería cambiar-. Y mucho menos abrir el escaparate de par en par y ¡hala!, a meter de todo con tal de que se me vea por ahí. Sin embargo, el mundo en el que vivimos funciona así y creo que no me va a quedar otro remedio.

Pero bueno, he de pensar que ya lo conseguí antes, cuando era defensor a ultranza de la forma tradicional de jugar videojuegos y demonizaba abiertamente lo actual, y miradme ahora. No soy tampoco un adalid de lo digital pero he aprendido a ver lo bueno que tiene y a disfrutarlo, así que puede que también lo haga con el blog y su difusión si sigo la corriente establecida.

Lo que sí veo muy complicado, y lo entendería de pleno, es que aquellos que me cerraron un día su puerta la vuelvan a abrir si llamo. Afortunadamente nunca me peleé con nadie, simplemente decidí seguir otro camino pero que ambas sendas se crucen de nuevo evidenciaría lo que persigo y, apelando de nuevo a mis creencias, no me parece que eso estuviera muy bien visto. Supongo que será cuestión de dejar pasar el tiempo y ver qué heridas, si las hubiera, están cerradas y cuáles no.

Que sea lo que tenga que ser, se dice, pero nada será diferente si sigo haciendo lo mismo. Hacer autocrítica está bien pero ahora queda ponerlo todo en práctica y comprobar si los cambios funcionan o no. Espero que lo hagan porque sino ya no habrá nada que hacer al respecto…

Visitas: 15

Comentarios

No hay comentarios aún. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

1 × tres =