Primero fueron los antiguos tipos de archivos, seguidos de algunos programas y servicios o sitios web de tiempos remotos pero queda otro elemento, necesario para que todo ello funcionase: el hardware. Y como en los casos anteriores, también en este ámbito se ha producido a lo largo de los años una gran evolución tecnológica. Centrándonos como ha sido habitual en esta serie en los PCs de los años 90, vamos a hablar a grandes rasgos en este último artículo de diversos componentes y periféricos de la época. Comencemos…
Cuando hablamos de las tripas de un ordenador, nos referimos a fuente de alimentación, placa base con su correspondiente procesador, tarjeta gráfica, memoria RAM y disco(s) duro(s). Pero hubo un tiempo, ya lejano en términos de la mencionada evolución tecnológica, en el que a los componentes ahora habituales había que sumar otros como, por ejemplo, los lectores de discos.

De seguro muchos pensarán en el disco óptico en sus diversas variantes (CD, DVD y Blu-ray) pero antes de su llegada se utilizó otro soporte: el disquette, que contó igualmente con varios formatos en función de sus capacidades de almacenamiento y velocidad de transferencia, yendo desde los flexibles de 8 y 5¼ pulgadas hasta el posteriormente más extendido y utilizado a nivel usuario de 3½, más rígido, duradero y cómodo de manejar.
Todos ellos contaban con su respectiva unidad lectora que, al igual que sucedía con las de disco óptico, se conectaba a la placa base mediante un grueso y recio cable plano denominado IDE (también conocido como ATA, P-ATA o PATA), algo más estrecho en el caso de los disquettes de 3½. Dicho cable se utilizó también en los antiguos discos duros mecánicos hasta la llegada del SATA actual. Un cable, el SATA, que es desde hace años un estándar en todos los ordenadores como lo es el slot o conexión PCI Express, fundamentalmente usado para la tarjeta gráfica. Pero antes de este hubo otros…

Sí, en plural, porque previamente tuvimos el AGP o puerto de gráficos acelerados que se creó para sustituir al primigenio PCI que, a diferencia del AGP, solía tener dos o más conexiones debido a que no siempre se ha utilizado una única tarjeta para mostrar contenido en pantalla. No, antaño señal de vídeo y gráficos 3D no venían de la mano, lo hacían por separado en sendas tarjetas de vídeo y aceleradoras. Hubo más de una compañía dedicada a su fabricación y distribución siendo las S3 en el caso de las primeras y las famosas Voodoo de 3Dfx en las segundas los modelos más conocidos.
Lo mismo puede decirse de Creative y su SoundBlaster, cuyo modelo de 16 bits fue el más habitual hasta la aparición de sus hermanos mayores de 32, 64 y 128. Las tarjetas de sonido dedicadas fueron necesarias hasta su integración en la placa base, lo que ha hecho que dejen de verse en el mercado del usuario medio. Lo mismo sucede con los altavoces externos, aunque tanto una cosa como la otra se pueden seguir utilizando en los equipos actuales pero no es lo habitual.

De poco sirven procesador, gráfica y disco duro si no contamos con una buena memoria RAM, tan útil para llevar a cabo múltiples tareas en el ordenador sin ahogar a la CPU. Y, por supuesto, también esta ha pasado por diferentes etapas antes de llegar al formato DIMM actual, que ya va por la fase DDR5 aunque pronto llegará la DDR6. Pero antes de la DIMM tuvimos la SIMM y previamente la EDO, cada una con sus características propias, determinadas por el grado de evolución tecnologíca de sus respectivas épocas.
Estamos acostumbrados al uso de un router para conectarnos a Internet pero no siempre fue así. En los comienzos, antes de la llegada del ya arcaico ADSL, la conexión se realizaba a través de la linea telefónica fija, a la cual se conectaba un módem externo de velocidad de transferencia de datos diversa dependiendo del modelo (14,400 kbps, 36,600 kbps o 56 kbps) y este, a su vez, a una tarjeta de red interna. También los hubo internos y sí, son cifras ridículas a ojos de lo que tenemos hoy pero era lo que había…

Y no solo el interior de un ordenador ha cambiado con el paso de los años. También lo ha hecho el exterior. Así, las propias torres, los monitores y los distintos periféricos no son ahora como lo fueron en tiempos antiguos. El estándar actual de torre, definido por el tipo de placa base, es el ATX, que lleva con nosotros muchos años tras imponerse al viejo AT a finales de los años 90. Del mismo modo, los actuales ratones ópticos, con o sin cable, han sustituido a los clásicos analógicos o «de bola» (ojo, no confundir con los actuales Trackball, a los que muchos también llaman así coloquialmente).
Y por supuesto los monitores, al igual que las TVs, han llegado al actual formato panorámico (16:9) después de pasar por sucesivas etapas que, en términos de tamaño, dieron sus primeros pasos con los clásicos CRT o «de tubo» para, posteriormente, dejar su sitio a los TFT planos que mantuvieron la relación de aspecto 4:3 hasta la llegada de la tecnología LCD y sus sucesoras actuales (LED y OLED). Unos y otros han tenido y tienen a su vez distintas ramificaciones de las que, como ya dije en otra ocasión, se puede encontrar abundante información en muchos sitios.

En fin, hasta aquí llegamos con esta serie de reportajes dedicados a «tecnologías del pasado» que, como siempre, esperamos que hayan resultado interesantes o cuanto menos curiosos, en especial para quienes no tuvieron la fortuna de conocer lo descrito en su momento. No podemos prometer nada pero trataremos en GAMALT de dar más presencia a la tecnología de ahora en adelante sin, por descontado, descuidar los videojuegos que son lo más importante.
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