¿Preservación física o digital?

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A todos nosotros, en mayor o menor medida, nos interesa dejar algo para quienes nos han de suceder en el ciclo de la vida. En cuánto respecta a los que escribimos sobre cualquier tema, es evidente que lo que buscamos es dejar testimonio escrito de nuestras experiencias, opiniones y conocimientos pero también, pienso yo, se persigue preservar en lo posible todo aquello sobre lo que hablamos, en este caso los videojuegos, y queremos (o yo al menos lo quiero así) que se haga en su forma original para que, dentro de unas décadas, cuando nada de esto exista, las gentes puedan ver y conocer lo que un día muchos tuvimos la suerte de poder disfrutar.

La preservación de los videojuegos, tema que por cierto traté hace tiempo en otro blog ya desaparecido, es muy importante, sobre todo desde que dejaron de ser un entretenimiento de niños o gente “friki” para convertirse, como el cine, la TV o la música, en cultura de masas. Sin embargo, el modelo que se busca imponer de juegos “servicio” que llegan en un principio a las tiendas físicas y reciben tiempo después diversos contenidos digitales hace que sea muy complicado, por no decir imposible, llevar a cabo la preservación al completo de los mismos en su formato de origen.

Es en este punto donde le daré una vuelta de tuerca al asunto puesto que, al igual que ocurrió cuando hablé de esto en su momento y, como imagino, pasará ahora, muchos argumentaréis que es fácil preservar los juegos gracias al formato digital. Y no os faltará razón en cierto modo. Al fin y al cabo, los videojuegos no dejan de ser programas informáticos destinados al entretenimiento, grabados en un soporte concreto que será leído por los diversos sistemas para los que han sido creados. La pregunta que lanzo al aire es la siguiente: ¿se debería entonces preservar solo el programa o también el medio original en el que fueron o son utilizados?

Yo ya he dejado clara mi postura en el primer párrafo, y soy de la opinión de que tanto uno como otro han de ser conservados. Soy hijo de mi tiempo, amigo fiel del formato físico, y me cuesta mucho aceptar un futuro sin él. Mentiría si dijera que no he disfrutado de algunos juegos que ya nacieron en lo digital pero ello no modifica en absoluto mi perspectiva y de hecho, a pesar de que cada vez hay más juegos disponibles en dicho formato, son menos los que despiertan mi interés y sucede así porque, entre otras cosas, siento que les falta algo.

Pongamos el ejemplo de los libros, algunos de ellos muy voluminosos pero que, a pesar de ello, se siguen haciendo, vendiendo y comprando en papel porque todo aquel que así lo prefiere opina que leer un libro digital no tiene nada que ver con hacerlo en físico. El primero es más cómodo en lo que se refiere a espacio pero carece de esa “magia” del tacto, de sentirlo entre tus manos, e incluso a veces de su olor a nuevo o a viejo. En los videojuegos en formato físico, sea este un disco o un cartucho, pasa algo parecido. El juego no es solo ese programa que se ejecuta en la consola u ordenador. No, es más que eso. Es la propia caja, su manufactura, a veces única, el manual en papel (ya inexistente en la actualidad), que era una pequeña joya en algunos casos. Es el mero acto, para muchos rutinario, para otros casi un ritual, de tomar el juego de su caja, introducirlo en el sistema y ponerlo en marcha. Sensaciones que, por desgracia, solo podemos tener quienes las vivimos en su momento…

Y eso mismo es lo que, merced a la preservación física, las nuevas generaciones pueden experimentar si lo desean. Es difícil que lo sientan igual que nosotros los más veteranos puesto que su contexto, percepción, época y vivencias son muy diferentes a las que tuvimos nosotros pero la curiosidad por algo de antaño puede despertar ese sentimiento. Creedme cuando os digo que contemplar a unos niños que disfrutan, en su formato original, de un videojuego mucho más viejo que ellos es una de las mejores cosas que te pueden suceder si te gusta este mundillo. ¿Podría el mismo juego, emulado en un ordenador, divertirles igual? Puede, pero estoy convencido de que si han tenido el cartucho o el disco en sus manos, si han sido ellos quienes lo han hecho funcionar en su sistema de origen, si han dado ese gran salto hacia atrás en el tiempo, ninguna emulación actual podrá igualar lo que han sentido al hacerlo.

Quiero pensar que todavía me quedan muchos años sobre la faz de este mundo, y durante ese tiempo mis ojos seguro verán muchos más cambios en esta industria. Uno de ellos, la tan deseada por unos y temida por otros desaparición del formato físico, puede estar más cerca de lo que imaginamos si la forma actual de entender los videojuegos perdura ya que, en términos de preservación, es absurdo guardar algo que está incompleto. Veremos qué sucede al final pero si, como creo, lo físico se convierte en una reliquia del pasado, no serán pocos los que lamentarán su pérdida y serán conscientes de que contribuyeron a ella. Si la comunidad acabase además optando por no preservar los antiguos juegos y las máquinas en su forma original, decidme… ¿qué quedaría entonces de la memoria colectiva, aún viva, del videojuego más allá del recuerdo de lo que un día fue?

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