Esas demos que no lo son

Esas demos que no lo son

Hace un tiempo, en relación a la aparición de la «demo» del juego Fist of the North Star: Lost Paradise, escribí un artículo hablando de la cada vez más escasa proliferación de estas muestras que llevan tantos años con nosotros en este mundillo y que sirven para probar el título en cuestión y hacerse una mejor idea del mismo con el objeto de propiciar (o no) su futura compra. Un material cuya existencia siempre hemos agradecido pero que ahora echamos en falta porque las compañías decidieron que lo que tenemos que hacer los usuarios es pasar por caja directamente y si luego no nos gusta el juego pues lo vendemos, que a ellos no les importará porque ya tendrán nuestro dinero…

Estoy seguro de que son muchos los que piensan que existen suficientes formas de conocer un juego sin tener que recurrir a su prueba directa (análisis, fotos, vídeos, etc), pero lo cierto es que ninguna puede transmitir lo, para mí, más importante: las sensaciones que da el manejo y que solo jugando se pueden adquirir, con mayor o menor acierto porque el juego final puede ser diferente a lo visto y probado en su versión «demo».

Pero ahora se le ha dado una nueva vuelta de tuerca al asunto. Yo al menos me he topado con dos casos, el segundo ayer mismo, y no puedo ocultar mi indignación no ya por la propia práctica en sí misma, con la que no estoy de acuerdo y ahora expondré por qué, sino por que incluso los medios ocultan o disfrazan la realidad en vez de llamar a las cosas por su nombre, que es lo que deberían hacer porque es lo que se espera de ellos.

El primero, y del cual me di cuenta tarde, fue el de la «demo» del A Plague Tale: Innocence y el segundo ha sido el de la del Dirt 2.0, los dos en mi caso en PlayStation 4. En ambos casos se nos informa de la posibilidad de probar parte de ambos títulos de manera gratuita, lo que todos entendemos como «demo» y que así he visto nombrado. Sin embargo, el asunto empieza a oler mal cuando vas a la tienda virtual, entras en el apartado de demostraciones y no ves ni rastro de las mismas

¿Cómo accedemos entonces a ellas? A través de la ficha de compra del juego completo, en la que veremos el anhelado cuadro con el texto «Demo gratuita». Pero nuevamente no se nos avisa de que, cuando pinchemos en él, lo que comenzará a bajarse no será una «demo» sino el juego entero, el cual permanecerá capado mientras no lo desbloqueemos al hacer efectiva su compra digital. Total, ya lo tenemos descargado, ¿verdad? Resulta evidente que el único fin de todo esto es «enganchar» al usuario para que pase por el aro.

Pues a mí no me hace ninguna gracia que se me obligue a hacer un uso de la red que no deseo hacer porque ello implica tener la consola descargando más tiempo (en mi caso, horas) y ocupando un ancho de banda y espacio en disco duro que puedo necesitar para otras cosas. La «demo» del A Plague Tale: Innocence ocupa algo más de 40 Gb y la del «Dirt 2.0» unos 70, cifras a todas luces desmesuradas para una prueba que durará, a lo sumo, unos pocos minutos, especialmente en el juego de Codemasters.

Con cosas como esta (y lo que esté por venir), no puedo evitar entristecerme al recordar cómo estaba el tema del acceso previo a los juegos en los años 80 y 90 del siglo pasado. Los más jóvenes obviamente no habéis conocido esto que voy a contar pero me gustaría que prestarais atención y os daréis cuenta de lo que se ha ido perdiendo con el paso del tiempo. Por aquellos días no era raro ver en la tienda de turno, fuera un comercio pequeño o una gran superficie, sendas máquinas montadas en atractivos muebles que permitían a quienes nos acercábamos a ellas el jugar al juego que, en ese instante, estuviera puesto, y hacerlo además sin más límite que el que nos pusiera el dependiente o dueño.

Pero es que esto nos brindaba otra posibilidad, la de probar ese título concreto que nos interesaba o llamaba la atención antes de su posible compra. Con el juego en la mano, te aproximabas y decías: «Por favor, ¿me puede poner este juego para probarlo?», y el dependiente sacaba una copia abierta (o abría una en según qué casos, eso lo he visto yo y me ha sucedido), abría el mueble y sustituía el juego previo por el que queríamos jugar. Algo inconcebible a día de hoy y que demuestra el poco cuidado que se tiene hacia el usuario en comparación al que había entonces en lo referente al acceso previo al material y que se suma al vasto cúmulo de despropósitos que venimos viendo muchos de los que somos ya veteranos desde hace más de una década.

Las «demos» clásicas, apenas inexistentes hoy, vinieron a sustituir esta práctica causando su desaparición y son ahora ellas las que están sufriendo el acoso y derribo en pos de otras que, por desgracia, dan la impresión de ir siempre a menos en favor del usuario. Es por tanto esperable que terminen por desaparecer más pronto que tarde y que la única forma de poder probar un juego sin vaciar la cartera o cuenta del banco sea ese título gratuito que aparece cada cierto tiempo en los diferentes servicios online y que no es, en mi opinión, otra cosa que un burdo anzuelo echado para pescar «clientes»…

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