Quien mucho abarca…

Quien mucho abarca…

Las cifras, dependiendo del contexto en el que se formulen, pueden ser sumamente trágicas y lo que estamos viviendo es buena prueba de ello. Pero también son un atractivo innegable para la mayor parte de la gente ya que no es lo mismo tener 5 que tener 10, o 20, o 100 o el número que queramos imaginar. Evidentemente en este caso me refiero a videojuegos y, en concreto, a todos aquellos que consideramos «retro» aunque esto que voy a comentar es, por supuesto, aplicable también al material actual. Y es que hay algunas cosas que, si bien las entiendo (hasta cierto punto), no puedo compartirlas a pesar de que cada uno es libre de obrar en un sentido u otro…

Sin embargo, me gustaría invitar a la reflexión a todos aquellos que disfrutan de los videojuegos planteando en primer lugar la clásica pero no por ello menos importante pregunta: amigo/a que estás leyendo esto, dime con sinceridad… ¿juegas a todo lo que pasa por tus manos? Muchos contestaréis que sí pero si a continuación os pregunto: ¿y lo aprovecháis bien?, la respuesta a buen seguro no será la misma, siempre y cuando sea la verdad. Vale, puede que haya quien sí lo haga pero permitidme ponerlo en duda, máxime si hablamos de unas cantidades como las que, por ejemplo, suelen venir en esos «paquetes» de emulador/es con sus respectivas roms, creados para ser usados sin muchas complicaciones.

¿Qué sentido tiene el disponer de miles de juegos, independientemente de que su obtención haya supuesto o no un gasto más o menos relevante en su adquisición o en la de los diversos dispositivos necesarios para su funcionamiento en aquellos casos en los que no se hace uso del ordenador? ¿Por qué hay que acumular algo que no interesa y que apenas se va a utilizar o a lo mismo no se utiliza nunca? Estas cuestiones que lanzo para el que quiera responderlas en base a su propia experiencia son las que llevo ya mucho tiempo haciéndome yo en el mismo sentido. Y, como podéis imaginar, la respuesta que hallé no es la de la corriente dominante

Porque la mayoría se decantará sin dudarlo por abrazar todo el contenido, y si hay más mejor. No importa que una parte, a menudo bastante grande, vaya a quedar ahí y pase sin pena ni gloria puesto que sería absurdo renunciar a la misma sobre todo cuando ha costado poco o nada obtener todo el conjunto. Pero muchos no parecen ser conscientes de que, en un sentido más profundo, obrando así no se están haciendo ningún bien. Tener por tener solo conduce en mi opinión a una mayor codicia y a explotar un ego ya de por sí subido por la capacidad actual de la que disponemos para mostrar a los demás lo que poseemos.

Hay quienes argumentarán como principal motivación la de la preservación del material pero incluso eso no es una razón de peso porque este ya se encuentra en numerosos lugares, algunos de ellos de manera oficial, por lo que el temor a su pérdida es mínimo en términos de colectivo. Otra cosa ya es la pérdida personal y el valor que cada uno le dé a la misma pero, insisto, la excusa de preservar los juegos no puede ocultar que lo que se suele buscar habitualmente es, como dije antes, la mera posesión de estos, se utilicen y/o disfruten o no.

Cierto es que he hablado de la emulación pero en el mismo sentido también puedo hacerlo de Steam o cualquier otra tienda virtual, en la que sí que no es posible agarrarse a lo de la preservación porque ya se encargan ellas de eso. En estos casos estamos ante claros ejemplos de lo que algunos llaman «el síndrome de Diógenes digital» con el agravante de que, salvo en lo obtenido por promociones u ofertas, la mayor parte del material adquirido es previo pago y dicho pago no se ve amortizado por el posterior uso y disfrute de lo comprado, actitud que evidencia falta de responsabilidad y criterio por parte de quienes proceden así.

Como dije al principio, cada quien es libre de hacer lo que crea conveniente a este respecto aunque siempre dentro de los límites de lo aceptado dentro de los marcos éticos y legales. Por mi parte pienso que es mucho más adecuado ir a lo seguro y no dejarse tentar fácilmente por «anzuelos» que lleven a acumular, con o sin dinero de por medio, más de lo que realmente se quiere y/o necesita. Hay que aprender a decir «no» si se duda y a rechazar «regalos» ya que con el tiempo aprenderéis, como lo he hecho yo, a valorar mejor lo que se posee (y no me refiero al valor meramente económico).

Por supuesto, lo físico no escapa a este fenómeno pero, por evidentes razones de espacio, no todo el mundo está dispuesto ni puede permitirse el lujo de llevar a igual término su «labor» de acumulación de la misma manera en la que se hace con los productos digitales pero no hace falta redundar más en el asunto puesto que lo ya dicho vale perfectamente también en este caso. Me despido no sin antes daros un pequeño consejo final: recordad el popular refrán que ha servido de título a este post y pensad a continuación si realmente queréis seguir acumulando cuanto sea posible aunque eso os impida «apretar» todo aquello que de verdad os gusta…

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